Cómo me duele esta soledad ahora que todo lo que hago me sale mal. Cómo me cuesta reconocer que un día, ese día que estuve contigo me sentía mejor.
Y ahora que no estas aquí para aliviar mi dolor, mi pena y desesperación, espero que alguien se apiade de mí.
Entre versos y canciones, entre música y un aire que me trae silencio, solo espero que se abra esa puerta que cierra a mi espalda y sea tu esencia la que se empiece a respirar, que ese aire de silencio se vaya lejos, bien lejos de lo que queda de mi cuerpo y que traiga una nueva vida, una vida donde el dolor sea algo pasajero o inexistente.
Te perdí. Lo sé, y es mi culpa. Perdí tus jardines infinitos, tu piel de seda y ese néctar vivificador de tu boca. Perdí tu ritmo y tus ciudades, tus valles y esa sonrisa que conquistó mi corazón. Perdí mi norte y mi sur y tus manos de cristal.
Y aunque trato de seguir adelante, mis respuestas no son suficientes para complementar ese camino tan lleno de preguntas.
Y aunque trato de seguir adelante, sé que sin ti no podrá ser posible.
Y la puerta se abrió…
