
Estuvimos bien entre hojas y pétalos de rosa. Y caminamos hacia un lugar, donde la gente te esperaba, y de mi nada.
Con un misterio un poco fugaz me besaste, y la música continuó como normal.
Promesas rotas y amaneceres que no fueron, y besos en la mejilla como despedida, y de mi nada; un par de alas rotas pero no mías, y un sentimiento de lástima porque me quisiste; propuestas de besos pequeños y destrucción total de lo que fue por dos años, aunque no fue planeado así.
Locura quemada, y ella, que nunca supo, sin saberlo te alejó de mi; me miró con normalidad y yo la maldecía. Entonces la muerte cruzó por mi mente unas veces y yo que mentía, y tú te ibas lejos fotografiando paisajes con ella, y de mi nada.
Sólo se que lloraba. Lloraba y mi alma se iba esfumando lentamente, y terminé buscando consuelo en la gente que reía, y yo con ellos.
Y luego mi cuerpo llegó a ser algo que sólo tú sabías, y me enamoraba de ti profundamente, como al sol, y lo sabía, pero mentía.
Y te besabas con ella, mientras que yo escuchaba música tuya, y fuiste la oración.
Te buscaba y no decía que te buscaba, y estuve a punto de vender mi alma que se esfumaba y tú normal.
Y mis sacrificios se volvieron piedra, y al final me di cuenta que era tiempo de terminar.
Pero te mentía, vulgarmente te mentía. Te vendí felicidad a cambio de que te importara, y ni así y comencé a mirarte diferente, pero te mentía.
Y mi cuerpo se volvió otro y te quería. Y hablaba de ti, de nuestro amor que se hizo piedra al igual que mis sacrificios, y te seguí amando.
Y no te exigí, nunca te obligué a nada. Y al final te diste cuenta que sí fui diferente a las demás, y te dio miedo de que fuera tan atenta, tan amante, tan perfecta. No entendiste que sólo de ti quería lo simple, y te dio miedo, y te fuiste lejos.
Pero no lo entendiste.
E.L.
06